Hoy arrancan los cuartos de final del Mundial 2026 y solo quedan ocho selecciones en pie: El campeón actual y representante de la CONMEBOL Argentina, el subcampeón Francia, el campeón “oficial” de África, Marruecos y los aspirantes España, Bélgica, Noruega, Inglaterra y Suiza.
Un cuadro histórico en todos los sentidos: por primera vez desde que existe la fase de cuartos, ni Brasil ni Alemania están presentes en la misma edición. La renovación generacional del fútbol tiene nombre y apellidos, y algunos de ellos los veremos estos días en el césped. Pero antes de los cuartos, queremos hablar de una imagen que se hizo viral en los octavos: los agujeros en las botas de algunos futbolistas. Detrás de esa curiosa imagen hay mucha más historia médica de lo que parece.
En el derbi ibérico entre España-Portugal, el portugués Pedro Neto, tras un encontronazo en el partido, enseñó al árbitro una bota destrozada por la zona del talón. Las redes sociales se incendiaron. Pero lo que luego produjo curiosidad es que ¡el par de repuesto que sacó del banquillo tenía exactamente el mismo agujero! Esta vez perfectamente recortado. Esos agujeros en las botas de futbolistas no responden a una cuestión estética ni de comodidad, sino a una adaptación médica para aliviar el dolor.
No entraré en si fue falta o no, pero el roto no era un accidente: era una adaptación médica. Neto no es el único: Philippe Coutinho, Roberto Firmino, Daniele De Rossi y tantos otros han hecho lo mismo a lo largo de sus carreras. Todos padecen o han padecido la misma patología: la deformidad de Haglund en la inserción del tendón de Aquiles en el calcáneo.
Del «pump bump» al calzado estrecho: ¿por qué duele el talón de Aquiles con las botas rígidas?
La deformidad de Haglund (que no el síndrome de Haglund) es una prominencia ósea en el ángulo posterosuperior del calcáneo, exactamente donde el tendón de Aquiles se inserta en el hueso. Su apodo anglosajón, pump bump (en referencia a los zapatos de salón con tacón), es muy gráfico: esa protuberancia roza con el contrafuerte rígido del calzado en cada paso, en cada sprint, en cada cambio de dirección y acaba doliendo (y un servidor lo sabe bien porque también lo sufre).
Esa fricción repetida puede desencadenar una tríada de síntomas en los tejidos que tenemos allí: inflamación de la bolsa retrocalcánea (bursitis), irritación del propio tendón de Aquiles en su inserción (tendinopatía insercional) y lesiones, ulceraciones, vesículas o callos en la piel suprayacente (que es a su vez de la de peor calidad del cuerpo por sus características).
Los tres síntomas pueden coexistir y acabar provocando un síndrome de Haglund si además se combinan prominencias en el propio calcáneo por delante del tendón Aquileo que provocan una compresión de la zona.
La deformidad de Haglund: ¿por qué algunos futbolistas recortan sus botas?
En el futbolista, la combinación es especialmente perversa. Las botas modernas son rígidas en el talón por diseño —para dar estabilidad y precisión al golpeo— y muchos jugadores las usan una o dos tallas por debajo de su número real para sentir mejor el balón. Resultado: el contrafuerte presiona directamente sobre la prominencia en cada zancada. La mitología griega ya nos mostraba esa zona como la única vulnerable en el héroe Aquiles (aunque el motivo fuera que Tetis lo sujetara por esa zona al bañarlo en la laguna Estigia).
Curiosidad que no es solo un mito: es anatomía real, cotidiana, y en los futbolistas con deformidad Haglund, se puede convertir en un suplicio y en días de baja potencial por dolor.
Ondas de choque y factores de crecimiento: así tratamos el talón de Aquiles en la consulta
El tratamiento conservador es siempre el primer paso y el mejor en futbolistas profesionales: modificación del calzado (y sí, hacer un agujero en la bota es una solución perfectamente válida a corto-medio plazo), trabajo de fisioterapia con programa personalizado para el Aquiles, taloneras para reducir la tensión en la inserción, y tratamientos biológicos y ondas de choque cuando la bursitis o la tendinopatía son persistentes o limitantes. En muchos casos, esos agujeros en las botas de futbolistas son una solución sencilla que les permite seguir compitiendo mientras controlan los síntomas de la deformidad de Haglund.
En nuestra experiencia, en Instituto Cugat, esta combinación de factores de crecimiento y terapia de ondas de choque focales ofrece resultados prometedores y favorables en el control de la inflamación local. Cuando todo falla tras 12-18 meses de tratamiento conservador riguroso, la cirugía (artroscópica o abierta según el caso) ofrece buenos resultados funcionales y retorno al deporte, aunque la recuperación puede ser tediosa y de larga evolución hasta la vuelta deportiva, más en deportistas profesionales.
Que un futbolista del nivel de Pedro Neto juegue de manera habitual necesitando perforar sus botas dice mucho del umbral de dolor que asumen estos jugadores para competir al máximo nivel. Hoy, mientras arranca la fase más emocionante del torneo, vale la pena recordar que cada sprint que vemos en el césped tiene, a veces, un precio silencioso que no aparece en ninguna estadística.
David Barastegui.
Traumatólogo deportivo Instituto Cugat Barcelona
Mundial 2026 desde la consulta
¡Es solo fútbol, pero me gusta!
El balance médico de la fase de grupos del Mundial
La verdad médica sobre la pausa de hidratación
Dos Mundiales, dos calendarios, mismo jugador
¡Es solo fútbol, pero me gusta! Los chalecos de enfriamiento
La verdad médica tras los agujeros en las botas de futbolistas
¡Es solo fútbol, pero me gusta! La verdad médica sobre la pubalgia de Nico Williams
La razón médica tras los agujeros en las medias de los futbolistas