• Cara a cara de Conor McGregor y Max Holloway previa al combate de UFC.

Rotura de LCA de McGregor: cuando el ligamento no distingue entre octógonos y césped

Semana intensa en el deporte de élite. No paramos con el fútbol y el Mundial ya en semis. Cuando el pasado sábado la atención mundial se desplazó durante unos minutos al combate entre McGregor y Holloway en el T-Mobile Arena de Las Vegas.

“The Notorious” regresaba al octógono tras cinco años de ausencia para enfrentarse a Max Holloway en el combate estelar del UFC 329. Duró nueve segundos. Lanzó una primera patada circular al aire, aterrizó de forma forzada sobre la rodilla derecha y al instante se llevó la mano a la pierna y cayó al suelo sin poder levantarse. El árbitro paró la pelea y Holloway ganó. McGregor confirmó horas después lo que ya se intuía al ver el video: la estabilidad de los ligamentos falló y posiblemente requeriría cirugía.

“Cirugía. Vuelta a los entrenamientos. Volver a intentarlo. Último combate del contrato” escribió en redes.

El mecanismo lo dice todo

El gesto que lesionó la rodilla de McGregor es uno de los mecanismos de lesión del LCA más clásicos que existen: aterrizaje monopodal en valgo, con la rodilla en ligera flexión y rotación interna de tibia sobre fémur.

En las artes marciales, las patadas circulares o voladoras generan exactamente esa cinemática al aterrizar: el pie toca el suelo antes de que el cuerpo esté alineado, la rodilla absorbe una carga torsional que el ligamento cruzado anterior no puede controlar, y cede. Silenciosamente, o con el chasquido que McGregor declaró haber notado.

En el fútbol lo vemos con frecuencia en los cambios de dirección y en los aterrizajes de cabeceo; en las MMA, en las patadas y en las caídas. El tejido es el mismo, el mecanismo es el mismo, el daño es el mismo.

Conor McGregor cayendo a la lona de espaldas tras sufrir el mecanismo de rotura lca en el octógono de la UFC

El historial complica el pronóstico

Lo que hace médicamente más complejo el caso de McGregor es que su rodilla no es virgen de cirugía. Ya sufrió una rotura de LCA con anterioridad y fue operado. A eso hay que sumar la fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda en 2021 ante Poirier, con la extensa rehabilitación que eso conllevó.

Cinco años sin pelear son muchas horas de recuperación, muchos tejidos remodelados y, con frecuencia, compensaciones biomecánicas que alteran la carga sobre la rodilla contralateral.

Cuando un LCA ya operado se rompe de nuevo, el abordaje quirúrgico cambia: el injerto elegido en la primera intervención ya no está disponible o está comprometido, y el cirujano debe recurrir a opciones alternativas —injerto contralateral, aloinjerto, o combinaciones de tendones— con implicaciones directas sobre el tiempo de recuperación y las tasas de retorno al deporte.

Resonancia primero, decisión después

El diagnóstico clínico se confirma con la resonancia magnética, la prueba de elección para confirmar la sospecha clínica de estas lesiones: permite confirmar la rotura del LCA, evaluar el estado del injerto previo, descartar daño meniscal o condral asociado —que en rodillas ya operadas es más frecuente— y planificar la cirugía con precisión.

Dana White y el propio equipo médico de la UFC ya apuntaron a la rotura de LCA desde el primer momento, y el lenguaje corporal de McGregor en el octógono no dejaba lugar a muchas dudas. En un deportista de élite de 37 años con ese historial, la ventana de recuperación estándar de 9 a 12 meses para un LCA primario se puede ampliar fácilmente a 12-18 meses en una revisión, dependiendo de la integridad de los tejidos y de las estructuras asociadas que encuentren en el quirófano.

McGregor tiene 37 años, lleva cinco sin pelear y acaba de romperse por segunda vez una rodilla ya intervenida. El LCA no distingue entre octógonos, césped, parquet o cemento, entre luchadores y futbolistas, entre campeones y debutantes. Lo que sí distingue es el tiempo que un cuerpo lleva al límite y la resistencia de los tejidos cuando llega la exigencia.

El suyo lleva años en esa frontera. La pregunta que se hará en el quirófano y en la rehabilitación no es solo si el ligamento aguanta, sino si el deportista que lo rodea aún tiene margen para volver a ser lo que fue.

 

David Barastegui.

Traumatólogo deportivo Instituto Cugat Barcelona

Síguenos

Recientes

Encuéntranos en Facebook