Esta pasada madrugada, como millones de personas, me senté a ver el partido de España-Uruguay. Con nocturnidad y ya llevo varias. Intento ver el fútbol como un aficionado más, pero hace tiempo que dejé de verlo así. Deformidad profesional lo llaman.
Hay algo inevitable en este oficio y más cuando alguna vez has estado en un banquillo de un partido… cuando ves la acción, cuando un jugador cae al suelo después de un encontronazo, incluso antes de que el narrador diga «parece que hay una lesión», ya estás analizando el mecanismo lesional y sufriendo por si hay una lesión más o menos grave.
Y anoche hubo material de sobra, sobre todo al final del partido.
El hombro de Yeremi Pino: ¿Heroicidad o imprudencia clínica?
Minuto 86. Quizá la más infravalorada pero la que más implicaciones puede tener (lo saben bien los motociclistas y ciclistas). Desequilibran a Yeremi Pino y este cae en una posición con el hombro encogido, se queja de dolor y se levanta con el brazo pegado al cuerpo — ese gesto lo reconoce cualquier traumatólogo — y acaba el partido porque no quedaban cambios.
Luis de la Fuente lo llamó «heroicidad». Desde el punto de vista clínico, terminar un partido profesional con una posible fractura de clavícula es exactamente eso (una luxación acromioclavicular puede ser el diagnóstico diferencial pero igual de dolorosa).
La clavícula es uno de los huesos que más se fracturan en el deporte de contacto, precisamente porque actúa como unión entre el brazo y el tronco y las fuerzas mecánicas pasan por la articulación acromioclavicular. El pronóstico dependerá del desplazamiento y de si debe ser quirúrgica. Posiblemente se pierda lo que resta de Mundial.
Nico Williams y el peligro de los contextos lesionales
Tiempo añadido. Una entrada por detrás, en el tiempo añadido, De La Cruz impacta por detrás en la pierna de Nico con el jugador en plena carrera. El árbitro sacó amarilla y los comentaristas se indignaron por la poca contundencia de la sanción. Yo me fijé en otra cosa: Nico Williams llegó a este Mundial tocado, sin poder competir este año como debiera en el Athletic, por problemas de pubalgia.
El míster lo protege con una gestión de minutos muy medida por el staff técnico (al igual que a Lamine Yamal), pero una entrada así puede comportar que, en pleno proceso de recuperación de forma, se trunque la evolución y se multiplique el riesgo. No es solo el golpe, es el contexto. Esta mañana se confirmaba que pasará pruebas médicas. Ojalá sean buenas noticias.
Cubarsí y los milisegundos que salvan una tibia
Y para el final, la más llamativa visualmente, la que generó la roja y la trifulca posterior. El bueno de Canobbio llega tarde y con los tacos por delante sobre la pierna de Cubarsí. Lo que el árbitro ve como una entrada temeraria — y lo es, desmedida y a destiempo —, el cirujano lo ve como un traumatismo directo de alta energía.
Un impacto así, mal dirigido, puede fracturar la tibia o el peroné. Por suerte, el pie estaba en el aire, Cubarsí lo retira parcialmente y solo queda en un buen golpe. Tras unos minutos se levantó, afortunadamente, pero esa imagen resume por qué en el deporte de élite los milisegundos y los centímetros lo cambian todo, sino que se lo cuenten al canadiense Koné que sufrió una fractura de tibia hace unos días en su partido contra Qatar.
Los límites del cuerpo humano
Fútbol es fútbol, que diría el maestro Valdano, pero nos gusta. El mismo deporte que nos da tantas alegrías (“¡Iniesta de mi vida!”) nos recuerda que debajo de cada caída y cada golpe hay un cuerpo humano con sus límites muy concretos.
Hoy España celebra el pase de ronda, pero en Chattanooga, dos jugadores esperan el resultado de sus pruebas para ver qué les depara los próximos días. ¡Ánimo a ambos!
David Barastegui.
Traumatólogo deportivo Instituto Cugat Barcelona